viernes, 28 de febrero de 2014

Miedo a amar

Un mes, ya llevamos un mes hablando por el conocido WhatsApp. Al principio no pensé que pudiésemos llegar a nada pues nuestras conversaciones se basan en un hola al empezar el día y un buenas noches al acabarlo, pero el paso del tiempo me ha hecho darme cuenta de lo equivocada que estaba.
No sé si estoy cometiendo una locura, hablando con alguien a quién ni siquiera conozco realmente. Digo realmente porque nunca nos hemos visto, nunca he podido contemplar su sonrisa o percibir el color exacto de sus ojos. Solo sé como es por algunas fotos, pero en ellas no puedo saber si me gusta.
Eso él me lo repite mucho, que no puede saber si le gusto porque no me conoce. Estoy de acuerdo, pero en cambio yo sé que me gusta su personalidad y al menos como escribe. 
No estoy enamorada, no puedes enamorarte de unas cuantas palabras y un par de fotografías, al menos yo no puedo hacerlo. Aún así me entretiene, me gusta hablar con él y en algunos momentos incluso le echo de menos. Sí, es raro, echar de menos a alguien a quien no has visto en tu vida, pero es así, a mí me pasa.
Creo que a él le pasa lo mismo, nunca lo afirma, me parece que tiene miedo de descubrir lo que realmente siente por mí. Lo noto en cada mensaje, en cada comentario. Le gusto.

Nuestra relación es extraña, hablamos como si estuviésemos juntos, como si fuésemos pareja sin serlo. Él dice que no quiere ser el responsable de darme malas experiencias creo que por eso no quiere verme, teme que al verme se enamore del todo de mí y no pueda aguantar que yo esté con otro por sus miedos a la responsabilidad conmigo. Es absurdo, al menos para mí lo es, si me quiere. 

No sé cómo me siento al hablar con él, a veces me gustaría tenerle conmigo, a mi lado y darle un beso. Otras prefiero el método impersonal del móvil. Estoy confundida, no quiero engañarme pero tampoco quiero sufrir.

Hace un mes que hablamos, que él entró en mi vida y justo hoy necesito que salga. No puedo agarrarme a algo que no va a existir en la realidad.


Leo las palabras de la chica que un día fui. Aún recuerdo ese día como si hubiese pasado ayer. Justo después de escribir eso, había cogido el bolso, había salido a la calle y había llamado a uno de mis amigos que hacía tiempo que no veía y que sabía que yo le gustaba. Él a mi no me desagradaba, así que decidí ver qué podía pasar. En esa primera cita, en todo momento, en mi cabeza, aparecían las últimas palabras de ese chico virtual, "no sé lo que quiero ni lo que siento por tí, solo quiero que seas feliz". Me dejé llevar por el momento y decidí dejar de pensar en él y centrarme en el chico que tenía enfrente, que estaba esforzándose mucho por conseguir algo más que una amistad conmigo. Era gracioso, me hacía reír y me gustó cuando pude conocerle un poco más. A los dos días de aquella cita, le puse un mensaje al chico virtual, dos palabras que no tuvieron respuesta "Soy feliz".

Hoy, un año después, no sé muy bien por qué, el destino me ha jugado una mala pasada. Me lo he encontrado por la calle. Yo iba pendiente de mi música, entretenida, en mi mundo. He levantado la vista y ahí estaba, justo enfrente de mí, mirándome. Se ha acercado a mí y sin decir una sola palabra, me ha besado. Había imaginado tantas veces ese beso... Me he separado de él, le he mirado a los ojos y he sonreído, ambos éramos conscientes de que ya nada era como hacía un año, nada. Me ha preguntado cómo estaba, le he respondido la verdad, que estoy bien, feliz y enamorada. Ha agachado la cabeza y al volver a levantarla me ha dicho aquello que podía haber sido decisivo en su momento. Me ha confesado que estaba enamorado de mí, que lo supo cuando no volvimos a hablar, que me echaba de menos y que me quería. Yo he sonreído, lo he hecho porque siempre lo había sabido. Le he dado un dulce beso en la mejilla y le he dicho "gracias, me perdiste y alguien más me encontró, alguien que ahora hace mis días mejores y que me ha enseñado que el miedo a amar no sirve absolutamente para nada cuando realmente sientes amor" Y con eso seguí mi camino, porque él formaba parte de mi pasado, un pasado que me había hecho llegar al presente, al que ahora vivo y que no cambiaría por nada.