miércoles, 25 de noviembre de 2015

Cuando menos te lo esperas...


Así, sin más, alguien que hace tiempo que llegó a tu vida, que siempre trataste como uno más, en el que nunca te fijaste, comparte un buen momento contigo y luego otro y otro más y te das cuenta de que es increíble, de que merece la pena, de que no quieres dejarlo escapar.


Era una tarde como otra cualquiera, mi vida seguía siendo lineal, rutinaria, aburrida, todos los días el mismo horario, las mismas actividades, sin variación. Llegué al trabajo puntual, como siempre, me quité la chaqueta, la coloqué en el respaldo de mi silla y me senté, todo era igual al día anterior. Una montaña de documentos estaba frente a mí, bien colocada encima del escritorio, debían ser guiones. Siempre me había gustado leer guiones y adentrarme en las historias que tenían guardadas. Abrí mi ordenador portátil y busqué la pantalla donde tenía guardadas las notas que iba haciendo de cada guion, cada uno tenía una pantalla, todo bien organizado, como me gustaba.
Acababa de terminar de leerme el primer guion del día y me disponía a ir a tomar un café, en la máquina me encontré a un compañero. Sabía su nombre, porque solía asegurarme de enterarme bien quien entraba a trabajar en la empresa, pero no sabía mucho más de él. Me sonrió y yo hice lo mismo, no quedaba bien negar una sonrisa. Un hola, qué tal la mañana, acompañó esa sonrisa, que por cierto era muy bonita. Empezamos a hablar, sobre el trabajo en su mayoría, pero luego la conversación derivó a otros asuntos más personales, como el por qué trabajamos ambos ahí, si nos gustaba, que habíamos estudiado… 
Era una conversación normal que tienes con un compañero más de trabajo, nada fuera de lo común. Esa pequeña conversación en la cafetería, con un café con leche en mi mano y un cortado en la suya, fue el detonante de que me empezase a fijar en él. Era un hombre muy guapo, de hecho ya había oído hablar de él entre las compañeras, sobretodo en el baño, y estaba casi segura de que tenía o había tenido algo con una de ellas. Lo pensé cuando en una fiesta de la empresa desaparecieron juntos, no iban solos, cierto, había más compañeros con ellos, pero se les veía muy juntos y yo soy de las que sacan ese tipo de conclusiones.
Terminamos de hablar porque se había acabado el descanso y no nos volvimos a ver en todo el día, excepto al final, que él se fue antes y al pasar por mi mesa se despidió de mí, un detalle, todo hay que decirlo. Me quedé con buen sabor de boca y empecé a pensar un poquito más en él, a fijarme más.
Los días pasaron y no coincidimos demasiado, yo le buscaba con la mirada, pero no aparecía, días más tardes lo entendí, le habían mandado de viaje. Dos semanas después yo ya me había olvidado algo de su existencia, no del todo, porque cuando fui a la cafetería me vino el recuerdo, pero ya no le buscaba, algo bueno.

Qué cosas tiene la vida, justo cuando dejé de buscarle apareció y además a mi lado, le habían cambiado de mesa y ahora ocupaba justo la que estaba al lado de la mía. Me hizo gracia su cara cuando me vio, era como si no se lo pudiese creer, pero sonrió y solo por ver su sonrisa merecía la pena su cara de asombro anterior. Estuvimos hablando, respetando eso sí cada uno el trabajo del otro, solo hablábamos cuando ninguno de los dos hacía nada. Ese día sí que pude conocerle más. Descubrí que teníamos muchas cosas en común, que era una magnífica persona, que se preocupaba por los demás y que además conseguía hacerme reír con cualquier tontería. Se fue como siempre antes que yo, pero no sin antes despedirse y darme su teléfono para quedar algún día, puse como excusa. Me empecé a ilusionar, era diferente a todos los hombres que había conocido, no me esperaba para nada sentirme así de a gusto a su lado y después de conocerle más, solo quería pasar tiempo con él, compartir momentos con él, estar con él.

Fue ahí cuando me di cuenta de que cuando menos te lo esperas ocurre lo que menos te esperas que ocurra. Cuando menos te lo esperas conoces a alguien increíble que pone tu mundo patas arriba, alguien que te llena, que te hace feliz y entonces todo cobra sentido.


No sé que pasará en un futuro, qué nos deparará la vida, si compartiremos más momentos juntos o no, solo sé que ha merecido la pena encontrar a alguien así, porque quedan pocos y te alegran la vida. 


(ficción pura) Iris R. Rico