Así, sin más, alguien que hace tiempo que llegó a tu vida,
que siempre trataste como uno más, en el que nunca te fijaste, comparte un buen
momento contigo y luego otro y otro más y te das cuenta de que es increíble, de
que merece la pena, de que no quieres dejarlo escapar.
Era una tarde como otra cualquiera, mi vida seguía siendo
lineal, rutinaria, aburrida, todos los días el mismo horario, las mismas
actividades, sin variación. Llegué al trabajo puntual, como siempre, me quité
la chaqueta, la coloqué en el respaldo de mi silla y me senté, todo era igual
al día anterior. Una montaña de documentos estaba frente a mí, bien colocada
encima del escritorio, debían ser guiones. Siempre me había gustado leer
guiones y adentrarme en las historias que tenían guardadas. Abrí mi ordenador
portátil y busqué la pantalla donde tenía guardadas las notas que iba haciendo
de cada guion, cada uno tenía una pantalla, todo bien organizado, como me
gustaba.
Acababa de terminar de leerme el primer guion del día y me
disponía a ir a tomar un café, en la máquina me encontré a un compañero. Sabía
su nombre, porque solía asegurarme de enterarme bien quien entraba a trabajar
en la empresa, pero no sabía mucho más de él. Me sonrió y yo hice lo mismo, no
quedaba bien negar una sonrisa. Un hola, qué tal la mañana, acompañó esa
sonrisa, que por cierto era muy bonita. Empezamos a hablar, sobre el trabajo en
su mayoría, pero luego la conversación derivó a otros asuntos más personales,
como el por qué trabajamos ambos ahí, si nos gustaba, que habíamos estudiado…
Era una conversación normal que tienes con un compañero más de trabajo, nada
fuera de lo común. Esa pequeña conversación en la cafetería, con un café con
leche en mi mano y un cortado en la suya, fue el detonante de que me empezase a
fijar en él. Era un hombre muy guapo, de hecho ya había oído hablar de él entre
las compañeras, sobretodo en el baño, y estaba casi segura de que tenía o había
tenido algo con una de ellas. Lo pensé cuando en una fiesta de la empresa
desaparecieron juntos, no iban solos, cierto, había más compañeros con ellos,
pero se les veía muy juntos y yo soy de las que sacan ese tipo de conclusiones.
Terminamos de hablar porque se había acabado el descanso y
no nos volvimos a ver en todo el día, excepto al final, que él se fue antes y
al pasar por mi mesa se despidió de mí, un detalle, todo hay que decirlo. Me quedé
con buen sabor de boca y empecé a pensar un poquito más en él, a fijarme más.
Los días pasaron y no coincidimos demasiado, yo le buscaba
con la mirada, pero no aparecía, días más tardes lo entendí, le habían mandado
de viaje. Dos semanas después yo ya me había olvidado algo de su existencia, no
del todo, porque cuando fui a la cafetería me vino el recuerdo, pero ya no le
buscaba, algo bueno.
Qué cosas tiene la vida, justo cuando dejé de buscarle
apareció y además a mi lado, le habían cambiado de mesa y ahora ocupaba justo
la que estaba al lado de la mía. Me hizo gracia su cara cuando me vio, era como si
no se lo pudiese creer, pero sonrió y solo por ver su sonrisa merecía la pena
su cara de asombro anterior. Estuvimos hablando, respetando eso sí cada uno el
trabajo del otro, solo hablábamos cuando ninguno de los dos hacía nada. Ese día
sí que pude conocerle más. Descubrí que teníamos muchas cosas en común, que era
una magnífica persona, que se preocupaba por los demás y que además conseguía
hacerme reír con cualquier tontería. Se fue como siempre antes que yo, pero no
sin antes despedirse y darme su teléfono para quedar algún día, puse como
excusa. Me empecé a ilusionar, era diferente a todos los hombres que había
conocido, no me esperaba para nada sentirme así de a gusto a su lado y después
de conocerle más, solo quería pasar tiempo con él, compartir momentos con él,
estar con él.
Fue ahí cuando me di cuenta de que cuando menos te lo
esperas ocurre lo que menos te esperas que ocurra. Cuando menos te lo esperas
conoces a alguien increíble que pone tu mundo patas arriba, alguien que te
llena, que te hace feliz y entonces todo cobra sentido.
No sé que pasará en un futuro, qué nos deparará la vida, si
compartiremos más momentos juntos o no, solo sé que ha merecido la pena
encontrar a alguien así, porque quedan pocos y te alegran la vida.
(ficción pura) Iris R. Rico